la chica de la curva
Yendo por la carretera de noche, vi a una hermosa chica vestida con un camisón blanco haciendo autostop. La curiosidad pudo más que la prudencia y pare a recogerla.
Ella muy silenciosa se sentó atrás.
La verdad es que aunque intentaba darla algún tipo de conversación, ella, las pocas veces que me respondía, lo hacía con monosílabos o palabras casi susurradas.
La chica era pálida como un espectro, con unos ojos negros tan profundos como la carretera que tenía delante, pero sin ningún tipo de vida. Su pelo era largo hasta la cintura y del mismo color que sus enormes ojos.
Me acorde de una leyenda urbana que habla de una autostopista fantasma que avisa a los conductores cuando pasan por la curva donde ella y su novio murieron en un accidente automovilístico. Salvando la vida al conductor, pero metiéndole un susto de muerte.
Sin duda la chica que tenía en la parte trasera de mi coche coincidía perfectamente con las descripciones dadas en las muchas versiones de esta leyenda urbana.
Así que armándome de valor comencé a hablar con el supuesto fantasma.
-Señoría, perdone que le hable así, pero si es usted el típico fantasma que avisa donde está la curva peligrosa donde murió y luego desaparece, le pido que salga de mi coche. Aunque agradezco la labor que realiza entre los conductores y las vidas que salva con sus apariciones, debe saber que yo soy un conductor experto y no necesito ningún tipo de aviso por su parte.
El conmocionado espíritu no dijo ni una palabra, y se fue difuminando en mi coche hasta que desapareció completamente. Mi discurso había funcionado.
No vi la curva y ahora hago autostop, lo peor es oír su risita sarcástica.
