El jefe de planta
El jefe de planta, de la sección de libros de aquella gran superficie era un autentico imbécil o eso pensaba María encargada de la sección “novedades”. Para ella,Antonio era un impresentable trepa que había ascendido gracias a sus valiosas dotes para el peloteo.
-¡Sepárense! Les estoy observando y no pueden estar siempre juntitos cuchicheando como marujas.- les increpaba con la prepotencia de un Dios griego, pero no era un Dios griego, era calvo, jorobado y feo.
María, que leía cuanto podía en la sección de “novedades”, le entusiasmaba las novelas “policiacas” , sobre todas las que le daban ideas para acabar con la vida de su jefe de planta.
Más de una vez soñaba con estrangularle en mitad del pasillo de “Biografías” mientras sus compañeros la jadeaban. “-¡duro con él María!, ¡muerte al tirano calvo!”
Así que empezó hacer dibujitos a la hora del café en las servilletas del bar donde desayunaba y una lista de métodos posibles para acabar con la vida del jefe de planta. Lo malo de los crímenes de las novelas es que los policías en ellas son muy listos y siempre te hacen ver el fallo del criminal. Se preguntaba si en la realidad la policía se pondría hacer la autopsia de un hombre de cuarenta y muchos años, si moría repentinamente o si analizarían tanto como los de la series de la televisión un simple accidente de tráfico provocado por una inocente pieza desaparecida.
-¡María, está usted últimamente en las nubes, me va a matar de un disgusto!- La gritaba el jefe de planta cuando la pillaba en mitad de sus fantasías criminales.
Un día cuando ya había encontrado el modo perfecto de ejecutar su plan y librar a la raza humana de semejante gilipollas, el director general consternado les informó en una breve reunión que Antonio, su amado jefe de planta, había sido encontrado en su casa muerto.
¡Será posible, alguien se me ha adelantado!- pensó María horrorizada, mientras el director general les explicaba que Antonio sufría desde hace meses unas molestias cardiacas que parecían haber desembocado en un ataque cardíaco.- ¡joder, hasta me han copiado el plan!.
Y era cierto, gracias a una novela había planeado introducir una cardiotoxina en el tabaco que el mamón la gorroneaba cuando salían a fumar, provocando su muerte a los pocos meses tras un continuo gorroneo.
¿Quién habría sido?- se preguntó mirando con recelo a los compañeros que parecían estar tristes y pesadumbrosos.
A las dos semanas, para su horror fue nombrada jefa de planta y el horror se trasformó rápidamente en paranoia. ¿Quién impediría al asesino matarla a ella, si con el pobre Antonio le había ido tan bien?
“¿Qué le pasa a María?” ,“¿Por qué ya no come, ni fuma con nosotros? “ “Yo creo que se le ha subido el poder a la cabeza” cuchicheaban sus compañeros en la sección de “clásicos”.
Y efectivamente, María no se comportaba como siempre, vivía con verdadero terror a ser asesinada… a los tres meses no pudo más, pidió la baja por depresión y poco después el traslado a la planta de deportes.
Allí la gente no tiene tanta imaginación.
