Paseando en navidades por princesa vi sentado al lado del Corte Inglés a un vagabundo vestido de rey mago con un perro disfrazado de paje.
Aún no comprendo porque experimenté la necesidad de sentarme a su lado, pero así lo hice. Acaricié al chucho con mirada hambrienta y me encendí un cigarro, estuve callado, mirando a la multitud de gente que como hormigas pasaban a nuestro lado cargados de bolsas. El vagabundo estiró la mano suplicante, le doné un cigarro que encendió extasiado con un mechero tan viejo y roto como él.
Tenía el pelo cano despeinado, su barba de cuatro días, también blanca, estaba mal cuidada y sucia con un tono rojizo en la comisura de los labios por el vino del cartón que tenía a su lado.
-¿Y los otros dos? -Pregunté. El vagabundo me miró de reojo.
-A Baltasar le extraditaron hace 2 años por no llevar papeles y desde entonces no sé nada de él. Gaspar murió de cirrosis hace unos meses, creo que le enterraron en una tumba sin nombre , cuando lo hicieron yo estaba tan borracho que ya no recuerdo donde cojones tengo que llevar las flores.
-¿Así que eres Melchor?.
-Si joder, ¿quién iba a ser, Papa Noel? -hubo un silencio incomodo-. ¿Qué quieres? Por tus pintas no creo que me vayas a dar dinero -me increpó mientras señalaba la lata vacía con la que pedía monedas-. Y si esperas que te recoja una carta, vas listo.
-Seguramente, si te diera una carta la ignorarías, como siempre -contesté.
-Sí, tal vez estoy por eso en la puta calle, por ignorar las cartas de los niños o tal vez porque me cansé de ser un instrumento del consumismo y la desigualdad. -Melchor volvió a estirar la mano esperando otro pitillo que no le negué.
-Lo del consumismo, ha sonado muy bien.
-Sí, solo hace falta que me lo crea -empezó a decir con voz cansada- en el fondo ser vagabundo o rey mago es casi lo mismo.
-¿Cómo es eso? -Pregunte intrigado.
Señaló, a la gente cargada con bolsas.
-Estos no creen ni en los reyes magos, ni en los vagabundos, por esos no nos ven, por eso nos ignoran, por eso tengo la puta lata vacía. Lo que saco de dinero es por el perro. En los perros la gente sí que cree, lástima que a ellos no les manden cartas.
El perro apoyo la cabeza sucia y parasitada en mi muslo, deseoso de unos cuantos mimos más. Yo no pude resistir su mirada y volví a acariciar su cabeza sabiendo el riesgo sanitario al que me exponía.Después me levanté del suelo apagando el cigarro con la suela del zapato y echando parte de las monedas sueltas que disponía en la lata.
-Feliz navidad -le dije mientras me marchaba.
-Feliz navidad, a ti también.
Al rato, con lágrimas en los ojos, tiré la carta a una papelera… Odio estas fechas.