maltrato del lenguaje  

Cada vez que vino, se fue como vino.
Y sé que nunca vino para quedarse, ni vino para alegrarme o para enseñarme nada.
Soy abstemio por sinónimos.

abuso  

Abusaba tanto de la palabra felicidad, que la sodomizaba con tristezas, la fecundaba con promesas y la hacía parir decepciones. Cuando harta ya se quito la vida, dejo como nota de suicidio su definición.
El nunca la leyó.

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la bella durmiente  

La bella durmiente sintió el beso.
Fantaseó con el apuesto príncipe azul cuyos carnosos labios estaban rompiendo el malvado hechizo que tantos años la habían dejado en aquel extraño coma.
Su imaginación voló visualizando los musculosos brazos de su paladín, con su armadura plateada que se ajustaría perfectamente a su atlética figura, tendría las facciones bien proporcionadas, su inmaculada cara poseería unos brillantes ojos azules que rivalizarían con el océano y sin duda todo estaría acompañado por un cuidado pelo rubio resplandeciente como el sol.
La creativa pasión del primer contacto desencadenó oleadas de deseo y la lujuria de la princesa cabalgó desatada sobre su salvador, tapada solo por la oscuridad del crepúsculo.
Aunque fue una gran noche, el sapo tuvo la decencia de irse en silencio antes de que el hechizo se rompiera definitivamente.

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PASIÓN POR EL TRABAJO  

El reloj marcaba las 5:00 de la madrugada cuando Daniel salió de la cama tan en silencio como pudo. Marta seguía allí, durmiendo con su vieja camiseta (la que usaba en su casa en aquellos años en que cada noche juntos era una fecha marcada en el calendario) con la cabeza metida bajo la almohada y farfullando algo sin sentido –Después de tanto tiempo aún no se había acostumbrado al errático horario de él-. Cerró la puerta lentamente mientras se ponía la bata, encendió un pitillo y se preparó un café muy cargado.

Después se dirigió al ordenador y esperó pacientemente a que éste cargara. Las volutas de humo le envolvían en la oscuridad de la noche mientras la taza de café empezaba a hacer su efecto. Necesitaba estar espabilado. Frío. Duro. Consciente. Seleccionó el enlace de favoritos correspondiente e introdujo su clave de acceso. Ese era el primer paso, ahora tocaba la parte más aburrida: Seleccionar mesas, cifras y rivales. Un trabajo arduo y pesado que desde la regulación del gobierno hacia la misma más compleja y difícil. Pero bueno, no quedaba otra. Descartó varias mesas en las que no veía demasiadas posibilidades y se centró en unas cuantas que podían acercarse más a sus intereses. Y comenzó las partidas.

Adoraba ese momento. La emoción de las primeras manos a las tantas de la mañana, luchando solo, concentrado en cada mano y cada carta. Calculando y procesando a cada minuto el desarrollo del juego, previendo aquellos pequeños detalles que podían hacer de aquella jornada algo que mereciera le pena o un desastre absoluto. Él tenía su propia técnica, su propia rutina: Nunca pasarse del porcentaje. Ni por arriba ni por abajo. Una de las facetas de las que más orgulloso estaba era de que él era capaz de controlar sus emociones, no ellas a él. Pensaba, apostaba y medía los riesgos. Atisbando el precipicio a sus pies pero sin fallar más que lo necesario. Jugando con las probabilidades y fiándose de su experiencia que, pese a ser una llama que no alumbra si no es quemando, era la única herramienta con que contaba para conseguirla victoria. Él no era un ludópata. Era un profesional. Vivía del juego. Ésa era su pasión, su vocación.

Y las horas siguieron pasando.

Mientras Marta entraba en el baño despeinada y medio adormilada –Le encantaba mirarla de refilón al pasar, reconociendo ese culo que había llamado su atención hace ya más de un lustro en la biblioteca- pensó en sus comienzos: El bono de bienvenida que le regalaron con 20 euros para empezar a jugar en Botemanía. Sus primeros pinitos en la Ruleta online y el Blackjack. Los consejos de otros amigos al respecto: Ganar es una rutina, no pierdas los nervios, juega un porcentaje, práctica antes gratis, etc. Pronto vio que era perfecto para él. Su flema era un don en aquél medio y las emociones cada día aumentaban con su experiencia. Ese año ganó 16.000 euros, al siguiente 22.000. Y la cifra siguió subiendo. Con rachas buenas y malas, obviamente. Un día se vio licenciado y sin trabajo. Sin otra opción que cargar cajas 8 horas al día y dos atascos diarios para conseguir menos de 1000 euros al mes. Patético. Esa cifra podía conseguirla jugando unas pocas horas al día sin arriesgarse mucho. Y es lo que hizo: Convertir su afición en una forma de vida.

Marta le beso en la mejilla antes de irse al trabajo: -“No ‘curres’ mucho”-, le dijo con una sonrisa antes de desaparecer por la puerta. Dani sonrió para sus adentros.

Encendió otro cigarrillo y siguió ‘jugando’.

Un caso extraño  

Harto de ella, de sus contestaciones, sus paranoias e imbecilidades, empuje a mi segunda personalidad por la escalera y cual fue mi sorpresa que verdaderamente la vi caer estrepitosamente como una estampida de Ñus.
Se quedo tumbada e inmóvil sangrando copiosamente de la mollera, llenando el descansillo del portal de sangre que a mi parecer era bastante real. Ahora con el tiempo no se sí fue un accidente o mi intención era verla rodar como un saco de patatas por aquellos escalones. El caso es que por un momento como primera personalidad me quede congelado sin saber muy bien que hacer o como actuar ¿ Se puede matar a una segunda personalidad?¿como era posible que todo aquello?. Cuando baje lentamente y pude tomarle el pulso, comprobé que aún vivía y decidí llamar a urgencias.
Vino una ambulancia y la policía, los enfermeros atónitos me miraban como si fuera el ser más extraño de la galaxia mientras introducían a mi segunda personalidad en la furgoneta con la cabeza vendada y respiración asistida. Se la llevaron durante el interrogatorio de los policías a los que intentaba hacer entender que no había agredido a ningún hermano gemelo si no a un parte de mi psique, Cuando me llevaron a comisaría me sentí más cuerdo, pero más idiota al intentar comprender lo ocurrido.
Mi doble personalidad pasó un par de semanas en coma, durante ese tiempo la justicia no supo que hacer conmigo, no había antecedentes de una agresión a una doble personalidad y acusarme de intento de suicidio no casaba del todo con los hechos. Así que el juez puso una orden de alejamiento, más que nada porque el caso le inquietaba y al igual que los abogados deseaban despacharlo lo más rápido posible. La sentencia era clara, no me podría acercar a mi segunda personalidad a más de 500 metros.
Mi vida a partir de entonces fue menos trastornada y más real. Me dijeron que cuando despertó del coma padecía amnesia y no se acordaba para nada de mí. Pero poco le importó, rehizo su vida y a los pocos años había fundado una familia con mujer y dos hijos, los cuales nunca llegue a vislumbrar si eran imaginarios o reales.
Les vi un día pasear por la calle un día, felices, como una de esas familias sacadas de los anuncios. No nos saludamos, de todas maneras el seguía sin reconocerme.
Me sentí completamente secundario.

Armagedón  

Todos se despertaron con la certeza de que el mundo había acabado, nadie se esperaba un Apocalipsis así. Todos soñaban con miles de muertos, edificios destruidos y hongos nucleares por doquier. Nadie estaba preparado para levantarse en un mundo acabado y seguir con su rutina de siempre.
Como siempre, hubo inconformistas que prefirieron suicidarse, algunos hasta en masa para estar más acompañados. Para ellos era inconcebible aceptar un soso y discreto armagedón, otros simplemente se mataban para decolarlo un poco, hacerlo algo vistoso para los que quedaban atrás viviendo el soporífero fin de los tiempos.
Los que anunciaban el desastre planetario se callaron, avergonzados por no haber cumplido minimamente con las expectativas generadas. Los hombres de fe se quedaron intranquilos y confundidos, mirando al cielo con la esperanza de ver un juicio masivo o una maldita señal de ese paraíso prometido tras el cataclismo. Pero pasó el tiempo y como este ya había acabado, la espera se hizo mucho más tediosa y eterna.
Pero la mayoría se resignaron, siguieron con sus hábitos, no cambiaron nada de sus vidas o de sus muertes, siguieron siendo fieles al estilo conformista del planeta.
Muchos empezaron a fantasear con un post-Apocalipsis espectacular y menos decepcionante.

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Vómito sangriento  

El otro día vi a un vagabundo anciano apoyado en un árbol vomitar sangre. El flujo rojo salía en ráfagas,puede que en aquellos pequeños torrentes carmesí se encontraran trozos de su hígado o sus pulmones.
Nadie le prestaba atención, ni fue a preguntar como se encontraba, yo tampoco lo hice, soy así poco humano, aunque seguramente aquél viejo vagabundo me hubiera mandado a la mierda si llego tan siquiera a preguntar un: “¿ se encuentra bien?”… o eso quiero pensar, no sea que la parte humana se revuelva y llamé a ese ser llamado conciencia que tiene orden de alejamiento en mis acciones.
Yo no le miré más que un par de segundos, solo por unos instantes mientras iba con prisa y tarde a coger un autobús, pero no me puedo quitar su imagen de la cabeza, aparece sin más y acampa en mi mente sin permiso alguno. Como un recordatorio siniestro de muchas cosas; de la cercanía de la muerte, una prueba más de la inexistencia de un dios o de su pasotismo sociópata, o tal vez de sea un síntoma de enfermos que debemos estar todos, incluido yo. Sí, creo que merecemos vomitar sangre. Expulsar entre estertores parte de nuestro corazón y pulmones. Puede que sea algo mucho mejor que dejar nuestra humanidad esparcida al lado de un árbol, donde se mean los perros.

best seller  

El escritor, bastante frustrado con su incompetencia como escritor, decidió suicidarse con un corte de papel. La sangre lleno la celulosa, y empezó a formar letras sobre él.
Cuando el escritor expiró, el líquido carmesí ya había terminado un libro entero.
Fue un éxito de ventas, no por la calidad literaria, (la sangre escribió sobre personajes planos y un argumento bastante trillado, poseía poca imaginación)sino porque al público le encantaba cortarse con él.
La editorial lo descatalogó al empezar a recibir, por parte de los seguidores más entusiastas, dedos amputados.

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dormidos  

Había unos gobernantes tan ruidosos que despertaron al pueblo. Entonces el pueblo hizo tanto ruido que los gobernantes tuvieron que hacerse los dormidos.

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Dos tazas de café  

Mi madre vive sola en su casa de toda la vida, yo quiero que vaya a una residencia con personas de su edad donde estará cómoda y bien atendida, pero ella como buen miembro de mi familia,es cabezota y se niega.
Dos veces por semana voy a verla, para comprobar si necesita algo  y hacerla un poco de compañía.
El otro día mientras me hallaba en su cocina observe en el fregadero dos tazas manchadas con posos.
Madre¿ ha venido alguien a visitarte?- pregunté extrañado pues sabía que mi madre solo preparaba café cuando recibía visitas, cosa que ocurría en escasas ocasiones.
-Si, ayer vino tu tío Pedro a tomar café.
-Mama, el tío murió hace 8 años.
-Eso no quiere decir que  haya dejado de gustarle el café.

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