Mónica me tiro de la manga de la chaqueta para entrar en al tienda, yo no quería, la tarde de tiendas estaba resultando bastante tediosa como para entrar en aquella peletería, pero ella se había antojado de aquellos guantes de piel color marrón con manchas blancas, se exhibían en el escaparate con un pequeño cartel donde en letras de colores se podía leer la palabra “rebajados”.
La tienda por dentro era pequeña, con apenas espacio para un mostrador un maniquí con expresión aburrida en el rostro que lucia un abrigo negro de piel de visón ( a mi todos los abrigos de piel me parecen iguales y por tanto de visón). Al sonar la característica campanilla de la puerta, el vendedor salio al mostrador atravesando unas cortinas verdes que sospeche que conducían al almacén.
El hombre era mayor, calvo y con un traje negro que parecía de otra época. Su faz surcada por multitud de arrugas poseía unos ojos verdes que no cuadraban con esa cara. parecían demasiado jóvenes, como si fueran de otro.
Mónica, saludo al comerciante y preguntó por los guantes del escaparate.
-esta usted de suerte señorita, es un encargo que nos hicieron hace tiempo y al final no vinieron a por ellos.- afirmó mientras los recogía del escaparate- son extremadamente suaves, pruébelos.
Así lo hizo,la radiante sonrisa en su cara y el brillo de sus ojos azules demostraba que los guantes la entusiasmaban, extendió su mano hacía mi, para que tocara el guante, efectivamente la textura del guante era sedosa y agradable al tacto.
- ¿De que clase de piel son?- pregunto Mónica jugueteando con su pelo rubio.
- son de piel de gato- afirmó el peletero, sin inmutarse.
A Mónica se le descoloco la cara en un rictus de horror y asco, mientras con violencia se despojaba de la felina prenda.
-¡Esta de broma!- le increpe espantado.
-¿Por qué, sería más humano si fueran; de zorro, de vaca, cocodrilo o visón?- me respondió molesto.-que sepan que estos guantes se han realizado por amor a ese animal.
-¿cómo despellejar a un pobre gato puede ser un acto de amor?.- acusó Mónica con los ojos bañados en lágrimas.
-En esta peletería a veces se hacen trabajos especiales, hay gente que cuando su mascota fallece quiere recordarla. Algunos las entierran, otros las disecan y aquí realizamos prendas con ellas. Esos guantes son de un gato cuya dueña quería sentir en sus manos el tacto de su amado animal. He creado: zapatos de iguana, zapatillas de estar en casa de perro,corbatas de hurón y incluso una cazadora de caballo. Soy un experto, hago que la muerte se trasforme en moda y llevo años haciéndolo, trabajo nunca me falta.- el hombre se estiró orgulloso.
- A mi me parece enfermizo- sentenció Mónica marchándose de la tienda.
Antes de seguirla, mire alrededor fascinado, intentando reconocer que animales domésticos se habían empleado en aquellas prendas, entonces me fije en un abrigo que se hallaba casi escondido en una esquina.
-¿ humanos?¿ha trabajo con humanos?-No me contestó, pero no me gusto su sonrisa y la forma en que aquellos ojos verdes me miraban.
Me marche detrás de Mónica, la cual continuada bastante afectada y buscó consuelo en mis brazos. Nunca la dije que cuando por unos segundos el peletero y yo estuvimos solos observándonos. juraría que me estaba tomando medidas.