Pacto
Despertó con la confusión que solo dan algunas resacas. Salió de su cama cuasi arrastrándose dirección al baño, rezando para que una ducha fría obrara el milagro y lo trasformara de despojo humano a persona otra vez.
Se vistió, se lavó los dientes con sabor a whisky y se preparó para un día duro en la oficina.
“debería dejar de salir en días de diario” regaño a su postrero reflejo mientras buscaba las llaves en el recibidor. Al ponerse su arrugado y maloliente abrigo extrajo una servilleta doblada de uno de sus bolsillos, al abrirla comprobó como en una caligrafía bastante elegante y gótica se hallaban escritas las siguientes palabras.
“Su pacto con Satán ha sido aprobado, su deseo se cumplirá a cambio de su alma en una semana, gracias”
“vaya chorrada” se dijo arrugando la servilleta y tirándola a la basura.
Al rato, en el acostumbrado metro rebosante de todos los días, empezó a dar vueltas al asunto. No recordaba mucho de aquella noche, si que se acordaba de haber entablado conversación con un tipo bajito, de facciones angulosas y ojos hundidos, tenía pinta de abogado o de contable o eso le había parecido. Desde luego no aparentaba ni mucho menos ser un demonio o un satánico.
Tampoco recordaba haber pactado nada con él…
Se mordió el labio ¿sí hubiera vendido su alma,que habría obtenido a cambio ?
¿La vendería por dinero?, Dios sabe que le vendría muy bien dinero para poder olvidarse de ir a trabajar y poseer una elegante mansión donde vivir, en vez de el cuchitril por el que su casero le desangraba mensualmente, ya que ni siquiera ganaba lo suficiente para una maldita hipoteca. Con dinero podría viajar por el mundo y visitar todos aquellos sitios que la falta de capital siempre le habían impedido ver.
¿O tal vez la vendería por amor? Conocer alguien que le entendiese, compartiera sus aficiones en música y cine. Una mujer además atractiva , ardiente y sexual… Como Cristina, el bellezón de administración, morena, alta y con dos ojos negros como la noche. Sí, para que negarlo, ella sería perfecta aunque no tuvieran nada en común.
Y siguió fantaseando todo el día con deseos para pedir: fama, poder, una isla paradisíaca…¡serían tantas cosas!
Pasaron los días y nada sucedió, cristina seguía ignorándolo y el dinero, la fama y todas las demás cosas con las que soñaba no aparecieron.
Aquel sábado, volvió al mismo bar que la semana anterior, por curiosidad, para comprobar si el hombre bajito estaba allí.
Llamó al camarero y después cayo muerto.
“Curioso”pensó por última vez “ no creí que estuviera tan borracho aquél día como para vender mi alma a cambio de una última copa.
¡Suscribete al feed RSS!